El valor de aburrirse en la era de la hiperestimulación

Imagen de Gisela Merkuur en Pixabay

El artículo de Kike Esnaola publicado en EL PAÍS Semanal plantea una idea que puede parecer provocadora en una sociedad permanentemente conectada: para vivir mejor necesitamos recuperar espacios para el aburrimiento. Lejos de ser un estado inútil o negativo, el hastío puede convertirse en una herramienta para el autoconocimiento, la creatividad y el bienestar personal.

Referencia del artículo original

El artículo que se resume es:

Kike Esnaola, “Si quieres mejorar tu vida, date tiempo para aburrirte”, publicado en EL PAÍS Semanal el 16 de julio de 2026. [elpais.com]

Una sociedad que huye del vacío

Vivimos rodeados de estímulos. El teléfono móvil nos acompaña a todas partes y llena cualquier instante de espera: una cola, un viaje en autobús o unos minutos antes de una reunión. Lo que antes eran pequeños espacios de inactividad ahora se ocupan con mensajes, vídeos, redes sociales o noticias.

Según recoge el artículo, esta tendencia ha reducido enormemente nuestra tolerancia al aburrimiento. Hemos desarrollado la costumbre de eliminar cualquier momento de silencio o inacción, como si permanecer unos minutos sin entretenimiento fuese una experiencia incómoda que hubiera que evitar a toda costa. 

¿Por qué el aburrimiento es importante?

La principal tesis del reportaje es que el aburrimiento cumple una función psicológica relevante. Cuando dejamos de recibir estímulos constantes, la mente entra en un modo diferente de funcionamiento que favorece la reflexión, la imaginación y la conexión con nuestras propias preocupaciones e intereses. 

Desde esta perspectiva, aburrirse no significa perder el tiempo. Al contrario, permite que aparezcan preguntas que habitualmente quedan ocultas bajo el ruido de la actividad cotidiana: cómo nos sentimos, qué nos preocupa, qué cambios necesitamos o hacia dónde queremos orientar nuestra vida.

La incomodidad de encontrarse con uno mismo

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que reconoce que aburrirse no suele resultar agradable. Cuando desaparecen las distracciones, muchas personas experimentan cierta incomodidad porque emergen pensamientos, dudas o preocupaciones que normalmente mantienen apartados.

Sin embargo, precisamente ahí reside parte de su valor. El aburrimiento actúa como una señal que nos informa sobre nuestro estado emocional y sobre nuestras necesidades reales. En lugar de ser un enemigo, puede entenderse como un mecanismo de autoconocimiento.

Pantallas y déficit de atención interior

El artículo relaciona la dificultad actual para aburrirse con la omnipresencia de las pantallas. Los dispositivos digitales ofrecen recompensas rápidas y constantes que reducen las oportunidades de reflexión pausada. Cada momento libre puede llenarse instantáneamente con algún contenido atractivo.

Esta disponibilidad permanente de entretenimiento tiene ventajas evidentes, pero también un coste: disminuye los tiempos dedicados a la introspección y a la elaboración personal de ideas. Como consecuencia, muchas personas encuentran cada vez más difícil permanecer unos minutos sin consultar el móvil o buscar una nueva fuente de estimulación. 

Creatividad, bienestar y sentido

Diversos especialistas citados en torno a esta misma línea de investigación sostienen que los periodos de inactividad favorecen la creatividad. Muchas ideas surgen precisamente cuando la atención deja de estar dirigida a una tarea concreta y la mente puede vagar libremente.

Además, el aburrimiento ayuda a construir sentido vital. Al detener el flujo continuo de distracciones, aumentan las oportunidades para reflexionar sobre proyectos personales, relaciones, objetivos y valores. En una época caracterizada por la velocidad y la saturación informativa, estos momentos pueden convertirse en un recurso especialmente valioso.

Reflexión final

La propuesta del artículo resulta especialmente pertinente para educadores, estudiantes y familias. Solemos asociar el aburrimiento con algo que debe evitarse, cuando quizá deberíamos contemplarlo como una experiencia necesaria para el desarrollo personal.

Tal vez no se trate de hacer más cosas, sino de reservar algunos momentos para no hacer ninguna. Caminar sin auriculares, esperar sin mirar el móvil o sentarse simplemente a pensar pueden parecer acciones insignificantes. Sin embargo, en un mundo dominado por la hiperestimulación, estos pequeños espacios de aburrimiento pueden convertirse en una auténtica fuente de creatividad, equilibrio y bienestar.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*