Que Aristóteles no nos haga los deberes: aprender en tiempos de inteligencia artificial

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay

La inteligencia artificial ha irrumpido en la educación con una rapidez difícil de imaginar hace apenas unos años. Hoy, cualquier estudiante puede obtener en segundos explicaciones, resúmenes, comentarios de texto o soluciones a problemas que antes exigían tiempo, esfuerzo y perseverancia. Esta nueva realidad plantea una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando una herramienta capaz de responder casi a todo sustituye parte del proceso de aprendizaje?

El artículo de Toni Roldán publicado en EL PAÍS («Que Aristóteles no nos haga los deberes», publicado en Opinión el 2 de septiembre de 2026. elpais.com) reflexiona sobre los efectos de la inteligencia artificial en el aprendizaje y advierte sobre un riesgo creciente: que la facilidad para obtener respuestas termine sustituyendo el esfuerzo intelectual necesario para comprender, razonar y desarrollar conocimientos duraderos.

Aprender exige esfuerzo

El artículo parte de una anécdota relatada por el economista y premio Nobel Guido Imbens. Un estudiante pasó varias horas intentando resolver un problema antes de encontrar finalmente la solución por sí mismo. Lo importante de esa historia no es únicamente que llegara a la respuesta correcta, sino todo el proceso mental que desarrolló durante la búsqueda.

La cuestión de fondo es sencilla: gran parte del aprendizaje se produce precisamente durante la lucha contra la dificultad. Cuando un alumno intenta comprender un concepto, se equivoca, corrige sus errores y persevera hasta alcanzar una solución, está desarrollando habilidades cognitivas que van mucho más allá de la tarea concreta que tiene delante.

La inteligencia artificial puede eliminar buena parte de ese recorrido.

La tentación de la respuesta inmediata

Uno de los mayores atractivos de las herramientas de IA es su capacidad para ofrecer respuestas instantáneas. Frente a un ejercicio complicado, una redacción o un problema matemático, el estudiante dispone de una ayuda permanente capaz de proporcionar soluciones aparentemente excelentes en cuestión de segundos.

Sin embargo, esa ventaja encierra un riesgo importante. Si el objetivo se convierte únicamente en terminar la tarea o conseguir una buena calificación, resulta lógico recurrir a una herramienta que reduce tiempo y esfuerzo. El problema aparece cuando la resolución automática de las actividades sustituye el proceso de pensamiento que debería acompañarlas.

El aprendizaje corre entonces el peligro de convertirse en una mera simulación.

La descarga cognitiva

El artículo hace referencia a diversos estudios que apuntan a un fenómeno conocido como descarga cognitiva. Consiste en delegar determinadas tareas mentales en dispositivos o herramientas externas. En sí misma, esta estrategia no es nueva: también utilizamos calculadoras, mapas digitales o agendas electrónicas para liberar recursos cognitivos.

La diferencia es que la inteligencia artificial no solo almacena información o realiza cálculos, sino que puede elaborar respuestas completas, redactar textos, resolver ejercicios y construir argumentos.

Cuando esta delegación se vuelve excesiva, existe el riesgo de que los estudiantes mejoren su rendimiento inmediato en determinadas tareas, pero desarrollen menos los conocimientos y habilidades que esas actividades pretendían fomentar.

No se trata de prohibir la inteligencia artificial

Sería un error interpretar estas reflexiones como una defensa de la prohibición de la IA en la educación.

La inteligencia artificial ofrece oportunidades extraordinarias para el aprendizaje. Puede ayudar a personalizar explicaciones, proporcionar ejemplos adaptados al nivel del estudiante, generar ejercicios de práctica o facilitar el acceso a recursos educativos antes difíciles de encontrar.

El verdadero desafío consiste en utilizar estas herramientas de manera que complementen el pensamiento humano en lugar de sustituirlo.

La cuestión no es si los alumnos deben usar inteligencia artificial, sino cómo deben usarla.

Una IA socrática en lugar de una IA que responde

Uno de los planteamientos más interesantes del artículo es la necesidad de desarrollar sistemas de inteligencia artificial inspirados en el método socrático. En lugar de ofrecer directamente la respuesta correcta, estas herramientas podrían plantear preguntas, sugerir pistas, promover la reflexión y guiar al estudiante durante el proceso de aprendizaje.

Se trataría de una inteligencia artificial que actuara más como un tutor que como un solucionador automático de problemas.

Desde esta perspectiva, la tecnología puede convertirse en una poderosa aliada de la educación, siempre que ayude a pensar mejor y no simplemente a terminar más rápido las tareas.

Una cuestión educativa de primer orden

Esta reflexión afecta directamente a uno de los principales retos de la escuela contemporánea. Durante décadas, gran parte de la enseñanza estuvo orientada al acceso a la información. Hoy, cuando la información está disponible de manera inmediata, el valor educativo se desplaza hacia otras capacidades:

  • Formular buenas preguntas.
  • Analizar críticamente las respuestas obtenidas.
  • Contrastar fuentes.
  • Resolver problemas complejos.
  • Tomar decisiones razonadas.
  • Desarrollar hábitos de esfuerzo y perseverancia.

La inteligencia artificial puede responder muchas preguntas, pero sigue siendo el ser humano quien debe decidir cuáles merecen ser formuladas.

Para seguir reflexionando en clase

  • ¿Se aprende más cuando encontramos una respuesta por nosotros mismos?
  • ¿Qué ventajas y riesgos tiene utilizar inteligencia artificial para hacer los deberes?
  • ¿Dónde está el límite entre utilizar una herramienta de apoyo y sustituir el propio esfuerzo?
  • ¿Qué habilidades humanas seguirán siendo esenciales aunque la IA continúe avanzando?
  • ¿Cómo debería cambiar la evaluación escolar en un contexto donde cualquier estudiante puede acceder a la inteligencia artificial?
  • ¿Es más importante saber responder o saber preguntar?

Estas cuestiones pueden servir como punto de partida para actividades de tutoría, filosofía, tecnología o debates relacionados con el impacto de la inteligencia artificial en la educación y en la sociedad.

Reflexión final

La imagen utilizada por Toni Roldán resulta especialmente sugerente. Steve Jobs imaginó un futuro en el que cada persona pudiera disponer de un «Aristóteles» como mentor permanente. Gracias a la inteligencia artificial, esa posibilidad parece hoy más cercana que nunca.

Sin embargo, la enseñanza fundamental del artículo es que debemos evitar que ese nuevo Aristóteles piense en nuestro lugar. La educación no consiste únicamente en obtener respuestas correctas, sino en desarrollar la capacidad de comprender, razonar y aprender de manera autónoma. La inteligencia artificial puede ayudarnos enormemente en ese camino, pero solo si recordamos que el verdadero aprendizaje sigue produciéndose cuando somos nosotros quienes hacemos el esfuerzo de pensar.

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