Educar las emociones en tiempos de estrés y aceleración

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Las familias actuales afrontan el reto de educar a sus hijos en una sociedad marcada por la prisa, la sobreestimulación y la falta de tiempo compartido. En este contexto, las dificultades de comportamiento infantil, las rabietas o el cansancio emocional de los adultos no pueden entenderse únicamente como problemas individuales, sino también como el reflejo de un entorno cada vez más exigente y menos favorable para el bienestar emocional.

El artículo de Sonia López Iglesias publicado en EL PAÍS (“Ana Asensio, psicóloga: ‘A veces exigimos a las familias una regulación emocional perfecta que ni siquiera les enseñaron de pequeños’”, publicado en Mamas & Papas el 16 de julio de 2026. elpais.com) recoge una entrevista con la psicóloga y doctora en Neurociencia Ana Asensio, quien defiende que muchos de los problemas que observamos en la infancia actual no se explican porque los niños sean más difíciles que antes, sino porque crecen en un entorno más acelerado, estresante y emocionalmente desconectado.

La infancia en una sociedad acelerada

Uno de los principales argumentos de Asensio es que tanto adultos como niños viven sometidos a niveles de estrés que se han normalizado socialmente. Horarios ajustados, agendas repletas de actividades, uso constante de pantallas y escasez de tiempo para compartir en familia configuran un escenario poco propicio para el desarrollo emocional saludable. 

Según la especialista, muchos niños disponen de menos oportunidades para jugar libremente, descansar o simplemente aburrirse, actividades que resultan fundamentales para su desarrollo psicológico y social.

Cuando la conducta es una forma de comunicación

El artículo insiste en una idea especialmente relevante desde la psicología infantil: detrás de muchos comportamientos problemáticos no existe necesariamente un problema de disciplina. En numerosas ocasiones, lo que aparece es un niño emocionalmente desbordado que todavía no dispone de los recursos necesarios para expresar lo que siente mediante palabras.

Desde esta perspectiva, las reacciones intensas, las explosiones emocionales o determinadas conductas disruptivas pueden interpretarse como señales de malestar, inseguridad o necesidad de acompañamiento. Comprender este enfoque permite sustituir una visión centrada exclusivamente en el castigo por otra orientada hacia la comprensión y el apoyo emocional.

El significado de las rabietas

Asensio explica que las rabietas constituyen uno de los mejores ejemplos del funcionamiento emocional infantil. Durante estos episodios, las áreas cerebrales responsables del razonamiento y del autocontrol aún son inmaduras o quedan temporalmente superadas por la intensidad de las emociones. 

Por ello, intentar razonar con un niño en pleno desbordamiento emocional suele resultar poco eficaz. La prioridad en esos momentos no debería ser corregir la conducta de manera inmediata, sino ayudarle a recuperar la calma y la sensación de seguridad.

La importancia del vínculo afectivo

Otro de los aspectos destacados de la entrevista es la relevancia del vínculo emocional. Para la autora, los niños necesitan sentirse seguros, queridos y comprendidos para desarrollar adecuadamente sus capacidades cognitivas y emocionales. 

La comparación utilizada por la psicóloga resulta especialmente ilustrativa: del mismo modo que una planta necesita agua y luz para crecer, el cerebro infantil necesita afecto, seguridad y relaciones de confianza. Un contexto de estrés continuado o carencia emocional puede dificultar ese desarrollo. 

Los límites y la educación emocional

La entrevista también aborda una cuestión de gran interés educativo: el papel de los límites. Asensio no plantea una educación sin normas, sino una combinación equilibrada entre firmeza y vínculo afectivo. 

Según explica, los límites impuestos sin conexión emocional pueden generar obediencia basada en el miedo, pero difícilmente favorecen la autonomía y la madurez emocional. La verdadera educación consiste en acompañar al niño mientras aprende progresivamente a gestionar sus emociones y comportamientos.

Un desafío también para las familias

Uno de los mensajes más interesantes del artículo es que muchas veces se exige a madres y padres un elevado nivel de regulación emocional sin tener en cuenta que ellos mismos no recibieron esa educación durante su infancia.

Numerosos adultos intentan acompañar emocionalmente a sus hijos mientras todavía arrastran dificultades para comprender o gestionar sus propias emociones. Esta circunstancia ayuda a explicar parte del agotamiento que experimentan muchas familias y pone de manifiesto la necesidad de apoyar también a los cuidadores, no únicamente a los menores. 

Reflexión final

La entrevista de Ana Asensio invita a replantear algunos de los debates actuales sobre la crianza. Frente a interpretaciones que atribuyen los problemas exclusivamente a la falta de disciplina o a cambios en los estilos educativos, la autora propone observar el contexto social en el que crecen los niños y viven las familias.

Desde una perspectiva educativa, el artículo recuerda que el desarrollo emocional no surge de manera espontánea ni depende únicamente de la voluntad individual. Requiere tiempo, acompañamiento, seguridad afectiva y entornos menos estresantes. En una sociedad cada vez más acelerada, quizá uno de los mayores desafíos de la educación sea precisamente recuperar espacios para la escucha, el vínculo y el cuidado emocional.

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